Indicadores de aclimatación y adaptación a la altitud
| Rango de altitud | Efectos fisiológicos habituales | Protocolo de adaptación en ruta |
| Dos mil a dos mil quinientos metros | Incremento leve de la frecuencia cardíaca | Marcha pausada y consumo constante de agua |
| Dos mil quinientos a tres mil metros | Disminución del rendimiento físico máximo | Paradas de hidratación cada cuarenta y cinco minutos |
| Tres mil a tres mil setecientos metros | Posible pesadez de cabeza o fatiga repentina | Control de saturación de oxígeno y ritmo lento |
Protocolo de seguridad ante inclemencias meteorológicas
| Fenómeno meteorológico | Riesgo asociado en el volcán | Acción preventiva e inmediata |
| Viento Blanco o RáfagasFuertes | Desorientación y pérdida de temperatura corporal | Buscar refugio en hondonadas de lava y descender |
| Tormenta Eléctrica de Cumbre | Atracción de rayos en filos expuestos | Abandonar bastones metálicos y descender del filo |
| Caída Repentina de Niebla | Pérdida de referencias visuales en la caldera | Detener la marcha y utilizar navegación por GPS |

Prevención del mal agudo de montaña y nutrición
El ascenso a cumbres volcánicas por encima de los tres mil metros sobre el nivel del mar expone al cuerpo a una menor presión atmosférica y a una disminución en la disponibilidad de oxígeno por volumen respirado. Para mitigar los efectos del mal agudo de montaña, los guías de brelush planifican ascensos progresivos que respetan los tiempos de adaptación del organismo. La regla de oro en la montaña consiste en subir despacio, manteniendo una conversación sin sofocarse durante los primeros tramos de la marcha.
La hidratación adecuada juega un rol crucial en la aclimatación. El aire seco y frío de las alturas incrementa la pérdida de agua a través de la respiración, por lo que es necesario consumir entre tres y cuatro litros de líquido por día, alternando agua pura con sales de rehidratación. Esperar a tener sed en la montaña significa que el proceso de deshidratación ya ha comenzado, lo que reduce la fuerza muscular y favorece la aparición de cefaleas.
La ingesta energética durante la caminata debe basarse en carbohidratos de asimilación rápida y media, tales como frutos secos, barritas de cereales, frutas deshidratadas y chocolates. Comer en pequeñas cantidades pero de forma frecuente mantiene estables los niveles de glucosa en sangre, aportando la energía necesaria para superar los tramos de mayor pendiente sin saturar el sistema digestivo.